1. Lectura simplificada. Ser ajustado significa reducir el abanico de posibilidades. En consecuencia, también se reducen la lista de cartas que los demás deban recorrer para elegir dónde ubicarnos en su correspondiente lectura de manos: la tarea se les ve simplificada.
2. Carencia de brillo. Estando los demás advertidos, lo habitual es que los pozos ganados no sean espectaculares, comparados con los que ganan — ¡y pierden!— los jugadores sueltos. Ante rivales observadores, los pozos tenderán a ser constantes, pero discretos.
3. Aburrimiento. Para la inmensa mayoría de los jugadores noveles, y no tanto, el concepto de “diversión” pasa por participar en los pases, no mirarlos desde afuera. Quien carezca de la disciplina y entrenamiento necesarios, encontrará insufrible ser ajustado.
Actitud
Una vez convencidos de cómo jugar y con el respaldo otorgado por saber lo bueno y malo de este estilo en particular, estamos en condiciones de recibir el primer pase; Observar primero, mirar después.
Cuando se reciban las dos únicas cartas ocultas, la primera misión es mirar a los rivales. Obviamente que me estoy refiriendo al juego en vivo, si fuera por Internet careceríamos de esta facultad. Miramos a los demás para captar su reacción al recibirlas. El efecto que estas cartas causen en ellos será de corta duración: el lenguaje corporal espontáneo. No podrán evitar la sinceridad de sus gestos en la primera fracción de tiempo o, al menos, les será muy difícil de simular. La espontaneidad y la lectura de gestos se dan de entrada, luego pierden valor.


