1. Priorizar la calidad. Un jugador, da lo mismo que sea de póker o de cualquier otro juego que involucre apuestas, tiene por bien conocido que para ganar debe llevar la mejor parte. Al restringir el número de manos con las que entra, las posibilidades de que su juego sea el mejor antes de que se de vuelta el flop, son mayores. Por lo tanto, cada vez que entra en una mano pretende hacerlo desde una perspectiva de ventaja relativa sobre el resto de los jugadores.
2. Sencillez. El horizonte de calidad tiene una consecuencia inmediata: las decisiones pos flop se simplifican. Si las cartas eran de tal jerarquía que se valían por sí mismas y con cierta independencia del flop, la mayoría de las veces seguirán valiendo. Si su potencial estuviera basado en combinar con el flop, cuando espejen serán muy fuertes y cuando no, valdrán poco.
3. Menor exposición. Como es selectivo, entra en juego en pocas manos. En el hold ‘em sin límite cada vez que se entra, cabe la posibilidad de perder todas las fichas. Desde afuera se pueden hacer muchas cosas, nunca perderlo todo.


